Hablemos de Inclusión: Conocer para defender. Los padres necesitan defender la inclusión y para eso necesitan conocerla, porque si los padres son los primeros enemigos de la inclusión basados en suposiciones y poco entendimiento de la misma, estamos remando en reversa y tirando a la basura la lucha de quienes en el camino fueron tachados de locos y extremistas cuando exigían que sus hijos con discapacidad sean integrados en la sociedad.

Ninguna lucha por cambiar lo injusto es fácil, y eso lo tenemos que tener bien claro. Porque si esperamos que la inclusión sea perfecta, que el estudiante se siente en el banco y que por arte de magia la inclusión funcione, nos vamos a golpear de frente. La inclusión es una responsabilidad compartida.

  • El maestro y los padres tienen una responsabilidad primaria, tienen que conocer al estudiante, evaluar sus capacidades y aceptar sus retos para determinar como ayudarle.
  • La inclusión no promete anular la discapacidad cognitiva del estudiante sino maximizar su capacidad individual. Si vivimos bajo el prejuicio de que porque el estudiante no es igual que todo no es candidato de inclusión, entonces no sabemos que es la inclusión. Aislándolo y limitándolo a estar con otros estudiantes “como ella o él” no vamos a ver ningún tipo de avance o cambios, sencillamente vamos a estar dándonos por vencidos y viviendo en retroceso.
  • No es lo mismo segregar que dar servicios individualizados o instrucción directa. Lo primero es una excusa fruto de las carencias de la inclusión, lo segundo es parte del proceso educativo del estudiante con discapacidad. El estudiante con discapacidad necesita servicios para poder ser integrado y eventualmente estar incluido. Tener servicios no lo aisla ni lo limita, lo integra con la intención de incluirlo basado en el respeto a sus derechos de estudiante con discapacidad para ganar las adaptaciones y las modificaciones necesarias para que su currículo sea ajustado de modo individualizado.
  • La inclusión académica no nos garantiza que el estudiante algún día alcanzará la capacidad académica de sus pares típicos, y esa no es la meta. La meta es proveer las herramientas equitativas que le permitirán al estudiante con discapacidad desenvolverse en el aula, en la escuela, en su entorno, y por tanto en el futuro, en el lugar de trabajo, en la comunidad, y en el mundo. De nada sirve que el estudiante tenga un alto rendimiento académico en papel gracias a la intervención de la maestra sombra, si en la vida real no tiene herramientas reales que hacen su inclusión natural.

Es una pena que sigamos culpando a la inclusión de los problemas educativos. La inclusión no tiene la culpa. La culpa la tenemos todos cuando el maestro se rinde sin capacitarse. Cuando el padre se frustra sin saber de que está hablando. Cuando el padre del compañero se queja del alumno con discapacidad sin tomarse el tiempo de reconocer al individuo en vez de centrarse en su discapacidad. Todos fallamos cuando culpamos a la inclusión de nuestras carencias. Todos necesitamos trabajar en equipo para hacerla posible y porque estamos hablando de individuos, la inclusión se verá diferente y dará diferentes frutos en cada individuo.

Nunca me voy a cansar de decirlo, la inclusión no es fácil pero vale todos los esfuerzos. La lucha nunca acaba y es más, a veces es tan intensa que me hace pensar que quizás en algún lugar es más fácil o que quizás teniendo más dinero y recursos alguien podría darme un respiro y ocupar mi lugar de defensora incansable. Y es que algo que tenemos en común todos los padres es que somos de carne y huesos, que tememos, que sufrimos, que nos preocupamos, pero sobre todo, que los amamos.

Y así es como luego me doy cuenta de que nadie lo puede hacer mejor que yo porque nadie conoce mejor a mis hijos. Luego me doy cuenta de que aunque en estos doce años luchando por ella la vida nunca ha sido perfecta, a lo largo del camino hemos inspirado defensores, líderes y hemos transformado a muchos que han reconocido su valor. También hemos sido inspirados, fortalecidos y bendecidos por muchos otros que sin saber nada de inclusión, nos han demostrado que la mayor contribución posible es el deseo y el compromiso de aprender, de ajustar y de personalizar la inclusión por el bien del estudiante.

Porque otro problema frecuente de la inclusión es que tanto padres como maestros la terminamos haciendo un problema personal, y cuando hablamos de inclusión hablamos de “yo y mis sentimientos,” y nos olvidamos que no se trata de nosotros y nuestras frustraciones y nuestras limitaciones. Se trata del futuro de un individuo que la necesita y la merece. (punto)

Eliana Tardío
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About Eliana Tardío

Eliana Tardío es la mamá de Emir y Ayelén; ambos con síndrome de Down. Reconocida por su trabajo promoviendo la inclusión natural de las personas por su individualidad, Eliana ha sida reconocida por celebridades como Araceli Arámbula, Thalia, María Celeste Arrarás, Karen Martínez, y más. Su historia ha sido compartida por las cadenas mundiales más importantes: Univisión, Telemundo, CNN, y Azteca América. Nombrada Bloguera Latina Inspiración 2014 en USA, en este espacio Eliana comparte sus vivencias y recursos con más de 200.000 visitantes al mes.

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