Sad little boy with teddy bear sitting on floor, superhero shadow on the wall. Child abuse, violence against children concept design.

Hace unos días en los Estados Unidos se ha registrado un caso tremendamente doloroso. La madre de un niño de 9 años con autismo le quitó la vida a su propio hijo en un segundo intento arrojándolo a un canal. La madre contestó diciendo que esperaba que tenga una vida mejor. Es injustificable e incomprensible, pero es una llamado de atención que no es hace una vez más reflexionar acerca del daño de anular la humanidad a través de la idealización y las etiquetas especiales que se asignan a padres e hijos cuando la discapacidad es parte de sus vidas.

Entre todas las discusiones al respecto que se ven en las redes, muchos se han dado a la tarea de hacer sus propias investigaciones para buscar indicios de abuso en las redes sociales de la madre, que por cierto eran públicas. La comunidad y sus allegados cercanos aseguran que era una buena madre y que eran una familia ejemplar. La madre publicaba mensajes de esperanza y era además una profesional en sicología. Nadie hubiera podido imaginar lo que pasaba por su mente, ni su propio esposo y el padre del niño, quien en su declaración se niega a creer que su esposa hubiera matado a su propio hijo.

Pero volviendo al tema del daño de la idealización y las etiquetas especiales, escuchamos constantemente frases como, “Dios solo le da hijos especiales a madres especiales.” Leemos comentarios de personas que dicen que “querían uno así porque son puro ternura y amor eterno.” Ensalzamos a las madres con hijos con discapacidad coronándolas como especiales y elegidas, esperando que la discapacidad de sus hijos las corone como mártires o les de súper poderes fuera de este mundo, y sin darnos cuenta en vez de hacer algo positivo, les quitamos el derecho a ser honestas, a demostrar sus emociones, y a aceptar que necesitan ayuda a nivel emocional.

No voy a juzgar ni emitir opiniones acerca de la salud mental o las posibles razones que empujaron a esta madre a hacer lo que hizo. Creo que no hay justificación y en la promesa de Dios realmente espero que su hijo, Alejandro, esté en un lugar mejor, pero espero que este caso nos haga reflexionar como comunidad acerca del daño de anular la humanidad para idealizar y etiquetar a las madres como especiales por el solo hecho de tener un hijo con discapacidad.

La discapacidad de nuestros hijos no nos hace especiales ni nos da súper poderes de ningún tipo. Es más, nos hace más vulnerables, nos hace todavía más humanas porque nos pone en situaciones constantes en las que en la lucha por defender la dignidad y los derechos de nuestros hijos, nos agota emocionalmente a niveles que ni nosotras mismas comprendemos o aceptamos. El amor de nuestros hijos ciertamente nos fortalece, como el amor de cualquier hijo lo hace, con el mismo poder. La aceptación de la discapacidad como un componente natural nos da la paz que el amor real provee, la tranquilidad de saber que no necesitamos cambiar a nuestros hijos para hacerlos valiosos, sino que necesitamos educar al mundo para que aprenda a ver su valor sin diferencias y sin etiquetas.

Queridas madres, aunque la generalización no es apropiada, creo que todas, sin excepción pasamos por momentos de angustia porque somos mortales comunes y corrientes. Todas sentimos en el pecho el ferviente deseo de darle a nuestros hijos lo mejor. Todas quisiéramos evitarles sufrimiento y activarlos al punto tal de saber que si algún día faltamos, serán lo suficientemente capaces o independientes para defenderse de un mundo que es muchas veces cruel.

Pero sin importar nuestras luchas y nuestros esfuerzos, tenemos que aceptar que la discapacidad existe, que la vulnerabilidad es un componente que no podemos ignorar y que parte de la aceptación plena y el amor por nuestros hijos es aceptar que necesitamos ayuda, que necesitamos confiar en otros, que necesitamos tener un plan para cada día darles lo mejor posible celebrando su individualidad en vez de vivir bajo el peso del dolor de creer que nunca serán lo suficientemente buenos.

Tomemos un par de minutos cada día para pensar en nuestra salud mental. Para aceptar nuestros temores y nuestras frustraciones. Para construir relaciones valiosas con personas que nos aceptan en nuestras virtudes y defectos y que en vez de idealizarnos y decirnos cosas como, “tu todo lo puedes,” o “Dios te eligió y te lo dará todo,” reconozcan nuestra necesidad humana de recibir apoyo y en vez de eso nos digan, “estoy aquí para darte una mano,” “dime cómo ayudarte.”

Eliana Tardío
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About Eliana Tardío

Eliana Tardío es la mamá de Emir y Ayelén; ambos con síndrome de Down. Reconocida por su trabajo promoviendo la inclusión natural de las personas por su individualidad, Eliana ha sida reconocida por celebridades como Araceli Arámbula, Thalia, María Celeste Arrarás, Karen Martínez, y más. Su historia ha sido compartida por las cadenas mundiales más importantes: Univisión, Telemundo, CNN, y Azteca América. Nombrada Bloguera Latina Inspiración 2014 en USA, en este espacio Eliana comparte sus vivencias y recursos con más de 200.000 visitantes al mes.

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