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Cuando Los Niños Dicen Mentiritas, y Nos Recuerdan a Nosotros Mismos Como Padres

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En los últimos meses he comprobado que Ayelén y yo somos genéticamente similares.

A la edad de Ayelén yo solía inventar toda clase de excusas para no hacer educación física en la escuela. Desde que me dolía la cabeza, hasta que se me doblaban los tobillos. Nunca me gustó correr, es más, nunca aprendí a hacerlo. Todavía hoy parezco un títere despatarrado. Pero bueno, cada cual nace con lo suyo.

Mi mamá era jugadora profesional de baloncesto, así que no podía entender como era que su hija había nacido tan físicamente desinteresada. Pero a mi nunca me gustó ni sudar, ni ensuciarme ni utilizar zapatos deportivos. Cuando crecí todavía menos, jamás hubiera renunciado a mis uñas largas y mis sandalias de tacón por una pelota y un par de tennis.

Los retos que exigen esfuerzo físico definitivamente no son lo mío, pero en cambio siempre me encantó leer, escribir y discutir.

Ayelén ha heredado prácticamente todo de mí. Actitud, virtudes y defectos, y hasta mis malas notas en educación física.

Lo que yo no sabía que también tiene de mí, es el poder de imaginarse una historia y convertirla en una graciosa mentirita.

Su primer reporte del año trajo una C en educación física y una nota de la maestra diciendo que se queja del calor y se preocupa mucho de no ensuciarse y no sudar. No se porqué pero me sonó muy familar.

Hace unos días llegó con una nota de la maestra en la que dice que Ayelén se queja de dolor en los pies, y que le dice que los zapatos le apretan por eso no puedo hacer deportes. Hablé con la maestra y me contó que se queja mucho de dolores en las piernas y hasta me sugirió que veamos un especialista “porque los niños no mienten”, dijo la pobre inocente.

Cuando llegamos a la casa le pregunté a Ayelén si es cierto que tiene dolores musculares y cuál es el problema con sus zapatos. Me dijo que no le duele nada, y entonces le pregunté: Y porqué dijiste que te duelen las piernas y los pies? , y me contestó:  Hace calor afuera, mamá!

En ese momento me acordé de las palabras de mi amada y sabia madre 29 años atrás: “Cuando tengas una hija me las vas a pagar todas Eliana”

Con qué autoridad moral la podría yo juzgar, si esa chiquita de 5 años se parece tanto a mi…
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