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Home PATERNIDAD Y CRIANZA Cuando El Temor Se Convierte En Fortaleza. Las lágrimas aprenden a reír

Cuando El Temor Se Convierte En Fortaleza. Las lágrimas aprenden a reír

Este año me propuse vivir menos en el mundo cibernético y disfrutar más a mis hijos, y la verdad me lo estoy disfrutando muchísimo. Mis hijos están creciendo, ganando sus propias batallas y haciéndonos sentir orgullosos, y sobre todo satisfechos de su progreso único.

Verlos sonreír no tiene precio! Estoy viviendo en este momento totalmente imperfecto que es sencillamente perfecto, y muchas veces me preguntó cómo pude haber dudado de ellos alguna vez? No, yo tengo miedo ni verguenza a decirlo, lloré un millón de veces pensando que sería dificil, que no podrían hacer muchas cosas, que la gente los iba a menospreciar, que iban a sufrir.. y todavía hay algunas veces que frente a retos importantes: siento temor.

Lo que he aprendido a lo largo de los años, es que falsamente asociamos este temor al síndrome de Down, cuando de cierto modo, el sólo hecho de ser madres nos convierte en seres humanos protectores que quieren darle a ese hijo lo mejor y evitarle el sufrimiento al máximo. Antes de los hijos podemos ser mujeres fuertes e invencibles basadas en la lógica, pero después, después somos fuertes e invencibles basadas en el amor.

Podría decir que soy una madre como todas, pero talvez no, a veces pienso que soy más obsesiva de lo normal, y aunque esta actitud me han dado muchas cosas, tengo que reconocer que a veces tengo que controlar mis pensamientos y recordarme a mi misma, que debo vivir para disfrutar el hoy en vez de andar siempre pensando en como forjar el mañana. Aja! el dicho dice : con tu hoy construyes el mañana; pero que dificil es vivir en el hoy a veces.

Algunas veces cuando Emir y Ayelén finalmente caen dormidos, me siento a contemplarlos pidiéndole a Dios que los proteja, que los cuide, que resguarde sus almas del dolor, y que me de vida, mucha vida para seguir caminando junto a ellos y para no dejar que nada ni nadie les haga daño.

Por experiencia propia se que la vida es dura, que las personas nos corrompemos con el dolor y a veces victimizamos a otros basados en nuestras propias vivencias. Que el desamor cría asesinos y que el dolor alimenta rencores, y por eso pienso que si amor es lo único que en verdad necesitamos para ser mejores, entonces lo tengo todo para ellos.. y ese sentimiento calma mi corazón.

Las lágrimas también aprenden a reir, y últimamente sólo lloro de alegría, de emoción y de agradecimiento a estos dos hijos maravillosos que desde que nacieron se han dedicado a remendar este corazón.

Los retos nos engrandecen, nos hacen sacar lo mejor de nosotros, y cuando el objetivo del reto es el amor por un hijo, no hay excusas, hay que amar sin condición.

En realidad no tengo nada supremamente importante que decir, ni excusa alguna para sentirme más feliz que de costumbre. Se que cruzando esa puerta que me lleva a la calle, me voy a enfrentar a los retos cotidianos de la vida, el chofer agresivo, la mala cara de la cajera, las cejas levantadas del chofer del autobus porque Emir no se apura a bajar.. en fin, allá afuera todo el mundo decide cómo comportarse y qué sentir, pero aquí adentro en mi corazón mando yo, y sólo por hoy: quiero ser muy feliz!

 

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