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¿Tratarías Igual a Tu Hijo Si No Tuviera Síndrome de Down? Diferencias Inconscientes

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Cuando mi madre me decía que las iba a pagar todas el día que tenga un hijo, ni siquiera me hubiera imaginado lo sabia que era esa mujer, que sin duda, quizás hablaba desde su propia experiencia al haber tenido una hija testaruda y obstinada como yo.

Como dice el dicho: “A las palabras de una madre sólo hace falta darles tiempo”. Me salvé con Emir quien fue siempre un niño modelo, pero me tocó pagarlas todas con Ayelén.

La gente que no conoce mi lado oscuro, culpa al síndrome de Down de la testarudez y obstinación de Ayelén, nadie puede creer que yo al igual que ella hacía berrinches, me escapaba del aula y apretaba los labios con el ceño fruncido cuando alguien me llamaba la atención.

Pero no lo hechemos toda la culpa a mis genes, porque también la crianza tiene su fuerte influencia. Tengo que reconocer que Ayelén se parece tanto a mí que inconscientemente me he sentido orgullosa de ver lo determinada y fuerte que puede ser cuando quiere conseguir algo. Por el sólo hecho de ser niña la he consentido increíblemente y he disfrutado sin límites de verla crecer y convertirse de una bebé a una princesa.

No se en qué momento perdemos el control pero creo que es en ese punto en el que dejan de creerse princesas para adoptar la actitud de reinas, sintiendo que el mundo tiene la obligación de cumplir su voluntad.

No es mala educación el problema central, sin la manipulación que los niños aprenden a desarrollar utilizando el cariño, besos y caras de tristeza. Así transformar a los padres fuertes y lleno de técnicas, en a títeres que terminan cediendo ante su voluntad.

Y si no tuviera síndrome de Down?

Soy constante con ella a la hora de corregir su comportamiento y le he enseñado que todo en esta vida uno se la gana con esfuerzo y  buena actitud. Que si actúa bien siempre se sentirá bien, y el mundo a su alrededor querrá tratarla bien.

Sin embargo, como la vida no es perfecta y ser padre es una tarea que se aprende durante la misma, durante dos semanas Ayelén se portó realmente mal en la escuela. Todos los días llamadas de la maestra porque no quería hacer su tarea, no quería cumplir el castigo o no quería subir al autobús.  No es sólo la molestia de la impotencia de no poder cambiar su actitud inmediatamente, sino que uno tiene temor a que los maestros se cansen y pierdan la fé en ellos.

La anterior semana nos reunimos con la maestra y llegamos a la conclusión de que todos estábamos haciendo diferencias inconscientes con Ayelén, pequeñas cositas que aparentemente eran insignificantes, pero que sin duda le dieron la impresión de que ella se merecía más que los demás o que todos éramos más tolerantes con ella.

Por ejemplo :

- Como se ve más chiquita que sus compañeros, la gente justificaba que ella no caminara todo el camino al autobus y la cargaban en los brazos.

- Como tiene síndrome de Down, estaba bien esperar que ella fuera más obstinada que los demás niños

- Como su comunicación no está totalmente desarrollada, era normal que haga berrinches para expresar su frustración

- Como es la más chiquita en la casa, es la más consentida y todo el mundo se acostumbró a darle todo lo que quería, incluso Emir

- Como es una nenita, podía llevar un juguete todos los días a la escuela y jugar con el en el recreo.

Y aquí viene la pregunta que nos dió todas las respuestas: ¿La trataríamos igual si no tuviera síndrome de Down? 

¿Y si no tuviera síndrome de Down? ¿Justificaríamos muchas de las cosas que sentimos que están bien porque tienen esta condición?

Es cierto que ninguna pregunta tiene una sóla respuesta, y si bien debemos entender que hay cosas que necesitan ser adaptadas, hay cosas que no deben ser nunca malinterpretadas en nuestro deseo de protegerlos. Lo único que lograremos será privarlos de sus responsabilidades y negarles la oportunidad de aprender a cumplir sus tareas diarias de educación y buen comportamiento como cualquier niño.

Cómo es su vida ahora?

Igual que siempre, la única diferencia es que

- Camina sin quejas hacia al autobus

- Se le da tiempo para expresarse y en vez de reforzar su mala actitud castigando sus berrinches u obstinación , se le da tiempo y oportunidades para comunicarse sin importar cuanto tarde

- Emir está haciendo bien su trabajo y le dice que espere su turno

- Ya no lleva juguetes a la escuela, ni se hace diferencia alguna con ella

¿Le dolió? Por supuesto que no, los cambios positivos en su comportamiento han llegado más rápido de lo que pensábamos, es increíble ver lo bien que sigue instrucciones y cuánto esto ha facilitado mi vida y la de su maestra.

Tanto los maestros como los padres necesitamos información, educación y trabajar en equipo. Este no es un trabajo exclusivo de la casa ni de la escuela, es un trabajo en equipo!

Así que aprovechando esta excelente publicación de Don Emilio Ruíz de Down 21, a continuación les recomiendo que no dejen de imprimir dos copias de este libro online : Una para la familia y una para la maestra.

PROGRAMACIÓN EDUCATIVA PARA ESCOLARES CON SÍNDROME DE DOWN

 
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